Siempre llega ese momento en el que tienes que explicarle a alguien que eres celíaco y escuchas frases como ésta: «¡Ah vale! Eres alérgica al gluten».

Sales a cenar con unos amigos o de cañas por el barrio y llega alguien nuevo al grupo que no te conoce. En ese momento empiezan las típicas conversaciones de «Un vinito para Yaiza que no puede cerveza» o «Cuidado con el pan, no lo paséis por encima de la comida para que Yaiza pueda comer». La persona que ha llegado nueva a tu círculo de amigos te mira con cara de incertidumbre sin entender absolutamente nada de los que están hablando, y es cuando llega el momento de decirle «Es que soy celíaca, no puedo comer gluten».

Entonces, en ese mismo instante, esa persona por fin consigue entender todo y te dice: «¡Ah ya veo! Otra alérgica al gluten».

Clic. Tu cerebro no puede evitar soltarle todo lo que has aprendido en estos último años sobre la celiaquía y el gluten, y empiezas desde el principio. Primero le cuentas qué es el gluten, aunque él quizás ya lo sepa, después pasas a la diferencia entre celíaco, sensible y alérgica al gluten, y acabas con un «Por eso hay que tener cuidado con pasar el pan por encima de los platos que vamos a compartir». Todo sale mecánicamente de tu boca, y todos tus amigos escuchan atentamente, como si no lo hubiesen oido en su vida.

Es el día a día de un celíaco y debemos guardarlo en la memoria e ir actualizándolo para que las personas que están interactuando con nuestro mundo sin gluten no piensen que somos un todo y que hay bastantes diferencias entre unos y otros y, por supuesto, que todo se puede llevar con alegría y con mucho humor.

¿Cuántas veces os ha pasado algo similar? ¿Alguna vez habéis tenido alguna situación incómoda con gente que desconoce la celiaquía?