¿Sin gluten? Buah, otro invento, como el Omega 3, los L.Casei Inmunitas o la niña de la curva. Eso era lo que pensaba un servidor hace años. Todo ello hasta dar con una compi de trabajo celíaca. Supercelíaca. Más celíaca que nadie.
Hace unos años era una enfermedad muy desconocida, lo cual ha llevado a muchas personas a pensar erróneamente que es un invento del siglo XXI, pero no, amigos y amigas. Nada más lejos de la realidad. La celiaquía existe. Os lo asegura uno, que convive nueve horas al día (más algún finde suelto) con la más celíaca del mundo.

Descubriendo la celiaquía

Todo empezó hace dos años. 10 de la mañana. Una calurosa mañana de junio, llegó a mi mesa un olor un tanto extraño. No eran tostadas, no era café ni tampoco un cruasán. Era una lata de mejillones. Sí, mejillones. Todo un lujo degustarlos a esas horas, pensé con sorna. Escuché a Supercelíaca, exclamar: “Chacho, ¿qué pasa? Soy celíaca”.
Poco a poco, fuimos hablando y hablando, entrando a formar parte 100% de la vida de una celíaca y de sus desayunos sin gluten. Estos van desde los citados mejillones hasta un buen plato de atún con arroz, pasando por aguacates con jamón y sopas de fideos. A los no-celíacos nos parece algo divertido o, como poco, curioso. A ella, a supercelíaca, seguro que le gustaría desayunar otro tipo de cosas. No penséis mal.
Bueno, no me enrollo más. Hasta aquí los desayunos de una celíaca empedernida. Muy pronto, las comidas y más cosas.